Algunos personajes siniestros de la vida nacional suelen estar a favor de la pena de muerte. Son sólo algunos, peligrosos, sórdidos, resentidos. Después hay una mayoria cualunque que apoya la pena de muerte con la misma convicción con que en otro momento apoyaron a los militares, a Menem y a cuanta causa injusta ande dando vuelta por el mundo.
No lo hacen ni por maldad ni por interesados, por el contrario, lo hacen hasta con cierta ingenuidad y si se os interroga siempre dirán que la causa que defienden es justa , pero, como diria un amigo, no se equivocan nunca. Los sociólogos academicos los denomian de diversa manera: mass media; en la filosofía de la universidad de la calle se los suele calificar con el concepto de chantas, personajes decididos a comprar con la mejor buena voluntad la mercadería mas vieja y devaluada con la convicción de que están haciendo un gran negocio, para después alardear sobre valores y causas que llegado el moento tampoco están decididos a sostener .
A diferencia de los ideólogos de la muerte, ellos defienden la pena máxima sin saber muy bien lo que defienden y las consecuencias de lo que promueven. No hablan , repiten; no razonan, sienten. Se comportan como un hincha de fútbol, pero lo más patético de todo es que no creen en lo que dicen y mucho menos son capaces de hacerse cargo de sus palabras. Hablan porque hablar es gratis y sobre todo, porque prender el televisor para ver a Susana Gimenez, Tinelli o Riel es una actividad liberada de impuestos.
A Susana Giménez, y a quienes con tanta irresponsabilidad y ligereza se pronuncian a favor de la pena de muerte, habría que decirles que en realidad deberían corregir sus palabras y promover, lisa y llanamente, la ejecución sumaria. Sucede que estos personajes de la farándula y las “doñas rosas” se confunden con los términos. Ellos no reclaman una solución jurídica, lo que exigen es que al asesino o al criminal se lo ejecute con un tiro en la nuca o se lo cuelgue del árbol más cercano.
La pena de muerte, aunque ellos no lo quieran creer o no lo sepan, es una decisión juridica seria que poco y nada tiene que ver con sus expectativas. En los lugares donde se la aplica el procedimiento es largo y en algunos casos ha demorado más de quince años. Si nuestros promotores criollos supieran esa verdad de la burocracia seguramente que reflexionarían acerca de su reclamo y entonces se volcarían sin escrúpulos a favor del tiro en la nuca.
El problema de la pena de muerte es que a pesar de tantos reclamos la delincuencia no se reduce y lo que es peor aún, el ánimo de venganza tampoco se satisface. El partidario de la pena de muerte siente de pronto que la ejecución del criminal no le ha resuelto ningún problema y en más de un caso se queja de que toda su sed de venganza se reduzca a unos contados segundos que es el tiempo habitual de la ejecución. El reo muere demasiado rápido, pero en estos casos la muerte del perro no incluye el fin de la rabia.
En realidad, para ser sinceros, los simpatizantes de la pena de muerte tampoco se sienten satisfechos con el tiro en la nuca; si fueran leales con sus pulsiones se inclinarían a favor de los tormentos. “Lo cortaría en pedacitos” llegó a decir unas de estas damas. Por este camino está claro que transformamos a Hitler y Mengele en dos tiernos y rosaditos boys scouts.
En Nuevo México, un estado cuyos habitantes desde hace décadas saben muy bien lo que es aplicar la pena de muerte en serio, el gobernador decidió derogarla. Que nadie vaya a creer que el hombre que tomó esta decisión es un tierno garantista o un militante de la progresía. Por el contrario, se trata de un duro entre los duros, un republicano con pinta de John Wayne que se cansó de ganar elecciones proclamando las bondades de la pena de muerte para todos los crímenes considerados atroces.
A diferencia de nuestros personajes de la farándula, este caballero siempre se preocupó por aclarar que la pena de muerte debía aplicarse cumpliendo estrictamente con todos los recaudos legales. ¿Es eso lo que quieren Susana Gimenez, Tinelli o Rial? ¿Eso es lo que desean quienes han aplaudido sus declaraciones? Por suerte, quienes se manifiestan de ese modo nunca van más allá de sus pasiones, de sus resentimientos o de su dolor.
No son ellos los que más me preocupan; los que me alarman o inquietan son quienes con la cabeza fría y el corazón helado teorizan a favor de la barbarie. Puedo entender, y hasta tengo le deber de entender a un famiiar dominado por el dolor; otra cosa muy distinta es quienes desde la comodidad de la farándula se lanzan a opinar como si la cuestión social les importara.
El gobernador de Nuevo México dijo al momento de derogar la pena de muerte, que en un sistema perfecto, con funcionarios e instituciones perfectas, la pena de muerte sería aplicable, pero como vivimos en un mundo imperfecto no podemos correr el riesgo de cometer un error, porque la más mínima equivocación, el más mínimo error nos transformaría a todos en asesinos. Estos escrúpulos no los tienen nuestros vengadores criollos. Mucho menos esa lucidez.