¿Garantías, para quién?

17 de Mayo de 2012

Abel está furioso. Está furioso y no lo disimula. Ha llegado temprano, pidió un café cargado y sin azúcar y se puso a leer los diarios. Después habló por teléfono con algunos amigos del gobierno y lo que le dijeron no debe haber sido agradable, porque su malhumor fue creciendo. Cuando llegó José, la furia continuaba. José le preguntó lo que le estaba pasando y le respondió con monosílabos. José insistió y entonces le dijo a boca de jarro:

-No sé por que me preguntás cosas que vos sabés muy bien.

José lo miró como si estuviera loco. -¿Que es lo que yo sé muy bien?

-El sabotaje que los peronistas le están haciendo al gobierno de Bonfatti, no tiene nombre. Continuar leyendo… »

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Hugo Chávez y la cita con lo ineludible

16 de Mayo de 2012

“Morir es una costumbre que sabe tener la gente”, dice Jorge Luis Borges en su “Milonga a Manuel Flores”. La costumbre nos puede gustar o no, pero no hay manera de eludirla. Podemos hacernos los distraídos, podemos acudir al auxilio religioso, pero nada de lo que hagamos impedirá lo inevitable. Lo dijo Manrique hace casi mil años: “…Contemplando, cómo se pasa la vida, como se viene la muerte, tan callando…”. La exclusiva virtud de la muerte es su carácter democrático: vale para todos, no excluye a nadie, no perdona a nadie. Calígula y Nerón no podían hacerse cargo de que a ellos también los alcanzaría. Tanto poder, tanta riqueza y asisten impotentes a la llegada de la muerte. Esa paradoja, los enloquecía aún más. Ocurre que a los hombres del poder la promesa de la vida eterna no los consuela. Para ellos el Paraíso es el poder y sus placeres, no hay eternidad que desplace esa satisfacción. Continuar leyendo… »

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Juan Martín de Pueyrredón, aquellos viejos patricios

16 de Mayo de 2012

Nació en Buenos Aires en diciembre de 1776 y murió en su quinta de San Isidro en marzo de 1850. Desde 1806 hasta 1820 fue un protagonista central de la política nacional. Como se suele decir en estos casos, estuvo en todas. Pertenecía a una familia acomodada de Buenos Aires, una de esas familias que la jerga clasita de la época calificaba de “decente”. El secundario lo hizo en el Colegio San Carlos y los estudios universitarios en París y Cádiz, ciudades que recordará siempre. Cuando los ingleses invadieron estas tierras, fue uno de los primeros que salió con un puñado de gauchos a enfrentarlos. No le fue bien. Después, como la mayoría de los criollos de su tiempo, se hizo algunas ilusiones con los invasores, entusiasmo que no le duró mucho, entre otras cosas, porque los ingleses enseguida se preocuparon para dejar claro que no venían ni a civilizar ni a traer el mensaje de la libertad, sino a saquear. Continuar leyendo… »

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Agustín Magaldi, la voz sentimental de Buenos Aires

16 de Mayo de 2012

Cuando era pibe me gustaba escucharlo. Era una voz triste, íntima, siempre al borde de lo sentimental. No sé por qué, pero entonces llegué a creer que su estilo encarnaba la verdadera representación del tango. ¿Motivos? Cierto anacronismo, una manera de dirigirse a su platea, esa inefable sensación de que hablaba de un mundo que ya no existía, todo contribuía a reforzar la imagen de un tango que alguna vez había sido importante. Después crecí y seguramente también crecieron mis exigencias. Como consecuencia de ello, Magaldi fue postergado por otros cantores. Como suele ocurrir en estos casos, finalmente logré reconciliarme con él y ubicarlo en el lugar que se supo ganar en las décadas del veinte y del treinta, un lugar compartido con Carlos Gardel e Ignacio Corsini, pero unos cuantos escalones más bajos, sobre todo con relación al Morocho del Abasto. Continuar leyendo… »

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¿Vamos por todo?

16 de Mayo de 2012

Cuando alguien me dice que el país está a punto de estallar, si es que ya no lo hizo, en el acto pienso dos cosas: que quien habla con esas palabras es un opositor furioso al régimen de la señora, y que desde hace ocho años, por lo menos, escucho pronósticos parecidos. Pues bien, en las últimas semanas los rumores acerca de un estallido de la economía han crecido. A veces quiero creer que el supuesto estallido se parece a esas tormentas santafesinas que se acumulan en el cielo: negras, tenebrosas, hasta que por motivos que nadie todavía ha logrado explicar, la tempestad pasa de largo y cuando todos esperábamos una noche sacudida por rayos y centellas, nos encontramos con un día radiante de sol. A veces quiero creer eso. Continuar leyendo… »

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